01 septiembre 2009

La respuesta esperada

Parece que el objeto de este blog sólo sea lanzar preguntas al aire, a diestro y siniestro, de manera indiscriminada. Por un lado mi personalidad, lo que define mi espíritu, es así, necesito hacerme muchas preguntas, cuestionármelo todo. Pero por otro, creo que no he elegido unos temas sobre los que sea fácil emitir respuestas claras, sencillas.
A veces pienso que, dado que las respuestas no llegan, tal vez éstas estén implícitas en las propias preguntas, y que las recibo a modo de eco. Sólo hay que aprender a escuchar el silencio. A veces, sólo a veces, pienso que mi destino es ese, cuestionarlo todo, hacerme mil preguntas sin respuesta. Quizá sea la forma que tiene mi espíritu de demostrar su existencia, formular una pregunta tras otra. Sin esperar respuesta.


(Albarracín, la muralla)

01 agosto 2009

Entrevista a mí mismo

Musogato es el nick de la persona que está detrás de “el refinamiento de la declinación”, un blog que recientemente ha cumplido sus tres años de andadura con casi 200 post publicados. Un buen momento, sin duda, para reflexionar sobre el proyecto.


E: Buenos días y gracias por aceptar esta propuesta.

M: Hola, buenos días. Es un placer para mí.

E: ¿Cómo empezó todo?

M: Espontáneamente, sin pensar, un poco por casualidad. Descubrí que existían los blogs, que la gente podía publicar lo que quisiera, y me dije, ¿por qué no?

E: ¿Qué intentas decirnos?

M: Sinceramente al principio sólo pretendía dar a conocer algunas de las fotos de mis viajes a personas cercanas. Me gusta la fotografía, puedo considerarme un aficionado, aunque entre comillas, porque realmente casi sólo hago fotos cuando viajo, y esto tampoco ocurre frecuentemente. Pero me apetecía mostrar las fotografías de manera distinta, adjuntando algún texto relacionado con la foto, con algo que la foto me transmitiera, cosas que surgían casi sin pensarlas. Inicialmente no pretendía decir otra cosa, sin embargo poco a poco los comentarios a pie de foto fueron ganando en protagonismo, hasta el punto de que actualmente las fotos, en muchos casos, son meramente complementarias.

E: ¿Por qué "el refinamiento de la declinación"? ¿Por qué ese nombre?

M: Pues tampoco fue así al principio. Durante más de un año el blog llevó simplemente mi nombre. Durante esté primer año me di cuenta de que mis textos casi siempre hablaban de tristeza, de amargura. Al principio pensé que sería una racha, pero el tiempo pasaba y yo seguía escribiendo sobre lo mismo una y otra vez. Era lo que me salía. Luego pensé que por qué tenía que cambiar, de hecho me di cuenta de que no quería cambiar en absoluto. Mi blog estaba creciendo así, esas eran sus señas de identidad, así era mi pequeña "felicidad" que seguramente pocos pueden adivinar, y fue entonces, cuando me acepté a mi mismo, cuando decidí apostar todo a esta línea, cuando decidí desnudarme definitivamente, y "el refinamiento de la declinación" me pareció la forma más concisa de describir todo lo que quería contar aquí a partir de ese momento.

E: ¿Cuándo empieza la declinación?

M: Cuando eres todavía un niño y te das cuenta por primera vez de que vas a morir, en eso no tengo dudas, en mi caso fue así.

E: ¿Y lo de refinamiento?

M: Bueno, esto es más difícil de explicar. Es un proceso. Desde que tomas conciencia sobre tu propia muerte hasta que lo aceptas pasa un tiempo, un duro periodo. Cuando finalmente consigues aceptarlo, te sientes mucho más tranquilo, la tristeza y la amargura siguen ahí, pero ya no es tan horrible, entre otras cosas porque es inevitable. Refinamiento porque intento transformar toda esta tristeza en belleza, en alegría es imposible porque es contradictorio, pero en belleza es posible.

E: ¿Y crees que a la gente le gusta leer sobre estas cosas?

M: No lo creo, tengo la certeza de que en general no gusta leer cosas así. Algunas personas que han intentado leer mi blog así me lo han dicho. Probablemente si a la gente le gustara leer sobre estas cosas, esta entrevista no sería ficticia, sino que estaría publicada en el semanario de El país, por ejemplo. A lo mejor están en un periodo de adaptación y no pueden ver la belleza de lo triste de la que hablo, o a lo mejor no es tan complicado y simplemente tienen otros gustos.

E: ¿De qué manera te afecta el número de visitas que recibes?

M: Cuando empecé a tomarme esto como una especie de diario personal que me ayudaba a desahogarme y a sincerarme conmigo mismo no le daba mucha importancia a lo de las visitas. Luego cuando algunas personas empezaron a hacerme comentarios descubrí que era una experiencia que me gustaba. Incluso llegué a obsesionarme un poco con este tema, y esto me ha influido en mis varios intentos de retirada. Ahora definitivamente no quiero darle importancia a eso. Esto lo hago para mí y para quién quiera leerlo, me da igual si son 2 o 50 las personas que lo hagan. Me afecta más el dejar de escribir y de publicar cosas, las veces que lo he intentado he tenido una especie de "mono" a las pocas semanas de dejarlo y esto, irremediablemente, me ha hecho volver.

E: ¿En qué te inspiras?

M: En el arte. Para nada me considero un artista, pero reconozco que el arte es lo que me inspira. La mayoría de mis publicaciones están inspiradas en libros que he leído, canciones que he escuchado, películas que he visto, pinturas, fotografías, esculturas o incluso edificios. No oculto mis inspiraciones, están reflejadas en el blog y también en mi perfil de blogger. Desde el punto de vista de la literatura creo que estoy profundamente influenciado por los autores existencialistas como Jean Paul Sartre o Albert Camus, aunque también por algunos autores contemporáneos como Paul Auster o Haruki Murakami. Musicalmente me gustaría nombrar a Sigur Ros, Elliott Smith, Rufus Wainwright, Sébastien Schuller o Patrick Watson. Me emociona el trasfondo trágico que, bajo mi punto de vista, tienen en común todos estos autores.

E: Cuéntanos algo sobre la foto con la que has decidido ilustrar esta entrevista.

M: Se trata de una imagen que se puede observar en el Palacio de Charlottenburg, en Berlín. A cada lado de la puerta de entrada al recinto de este palacio, como protegiéndolo de algún peligro desconocido, se encuentran dos guerreros sobre sendas columnas. Antes he hablado de que en un momento determinado yo he desnudado mis sentimientos en este blog, aún así siempre quedan temores ocultos de los que tienes que defenderte, o con los que tienes que aprender a vivir. Este guerrero desnudo, pero no por ello desarmado, me ha parecido que podía reflejar esta sensación, esta idea.

E: Y sobre la canción que has elegido en esta ocasión.

M: Se trata de The leaving song, del recientemente publicado nuevo álbum de Chris Garneau. Tiene un aire de abatimiento con el que me siento tremendamente identificado. Y es un poco como el proceso de adaptación del que he hablado al principio de la entrevista, la canción evoluciona en mi interior, la tragedia se convierte en belleza. La tristeza sigue ahí, la desolación, pero una vez aceptas este hecho, puedes convertir toda esta amargura en algo bello y refinado, en algo parecido a la felicidad.

E: ¿Y ahora a descansar?

M: Como en años anteriores, y coincidiendo con el verano, voy a dejar de postear durante algún tiempo, voy a tomarme un descanso. En otras ocasiones no sabía si volvería, pero esta vez es distinto, sé que voy a volver, o al menos ese es mi deseo. He comprobado que no puedo estar mucho tiempo sin escribir algo, así que espero volver. Aunque me temo que debido a algunos acontecimientos personales mi ausencia puede ser algo más prolongada que otras veces.

E: Muchas gracias y hasta pronto.

M: Gracias. Hasta siempre.

13 julio 2009

La cueva

¿Recuerdas cuándo hace tiempo me pasaba largos periodos desaparecido? Eran como pequeños encuentros conmigo mismo, donde se supone que al final tenía que alcanzar alguna conclusión vital. Eran periodos de extrema debilidad, en los que no sabía enfrentarme a la realidad de otra manera. En estos periodos, a veces largos, no admitía ninguna intromisión en mi cueva. Ninguna.

Es difícil describir lo que hacía durante este tiempo, básicamente distanciarme de los recuerdos que me habían llevado hasta allí, básicamente nada. Al final, por mero hastío, siempre acababa regresando al mundo de los vivos, por mucho que odiara la mediocridad del mundo, en el fondo seguía siendo mi mundo.

Lo bueno es lo que haces al salir de la cueva. Con bríos renovados intentas reincorporarte a la normalidad haciendo cosas normales. Porque crees que es lo que la gente espera de ti, que seas una persona normal y hagas cosas normales, y no cosas extrañas como encerrarte en una oscura cueva para acabar no sacando nada en claro.

Pero ahora necesito volver a la cueva durante un tiempo. Vuelvo a sentirme débil, aunque sorprendentemente es una sensación que no me desagrada. Y cuando salga de mi cueva, y regrese a este mundo, quiero dejar de hacer cosas normales. Quiero dejar de intentar parecer normal. Quiero ser yo. Simplemente yo.

06 julio 2009

Lejos de la orilla

Cuando voy a la playa a nadar me gusta mucho adentrarme en el mar, alejarme al máximo de la orilla, y sólo me detengo cuando estoy lejos, muy lejos. Es entonces cuando me quedo relajádamente flotando en el agua, sólo acompañado por algunos peces ocasionales. Muy de lejos puedo escuchar el griterío de la playa, entremezclado con los graznidos de las gaviotas. En una de estas ocasiones, rodeado de este ambiente, me pregunté que me había llevado hasta allí, que me atraía de todo aquello. Esta misma pregunta se ha repetido otras veces y el otro día, por fin, hallé la respuesta. Lo que me gusta, cuando llego a este punto, es girarme y mirar a tierra firme, y contemplar de lejos el extraño lugar de donde procedo. Sí, lo veo extraño desde aquí, diferente allá a lo lejos. Supongo que lo veo extraño porque en ese momento no estoy en él, no estoy en mi mundo, y no deja de ser una sensación extraña ver lo bien que el mundo se las arregla sin mi.

29 junio 2009

Al otro lado del espejo

¡Me pasa cada cosa con los espejos! El otro día al pasar por delante de uno vi de refilón mi reflejo y me detuve un instante a contemplar lo que veía. Al observarme al otro lado del cristal pensé que a lo mejor yo era el reflejo y la imagen de enfrente mi yo real, ¿por qué tenía que ser al revés? Estuve un rato probando determinados movimientos que instantáneamente eran repetidos por mi yo de enfrente, que eran inmediatamente copiados por él. Intenté sorprenderle un par de veces, pero por muy rápido que fuera, mi otro yo me imitaba de forma totalmente sincrónica. Pero, ¿y si era yo el que estaba copiando lo que hacía mi yo de enfrente, el imitador, el que seguía sus ordenes? ¿Y si no era yo el que tomaba las decisiones? ¿Quién era más libre, yo o el yo que estaba al otro lado del espejo, mi otro yo? Tantas dudas, tantas cuestiones acabaron por agotarme, así que decidí escapar de allí, huir, alejarme del espejo. Mi otro yo pareció pensar lo mismo y también se esfumó.


(Nasher Sculpture Garden, Museo Peggy Guggenheim, Venecia)